lunes, 13 de febrero de 2017

Santa Catalina, un extraño pueblo

Santa Catalina, un pueblo costero aislado. Un pueblo para los surfistas, buceadores y gente que quiera descansar y desconectar de todo, la conexión wifi, prácticamente no existe.


El camino con el bus fue bastante agradable y bonito. Me impresionó un poblado que vi por la ventana, por el camino, tenía la arena naranja, las casas hechas de barro y la gente estaba mimetizada con el entorno, ojalá hubiera tenido la cámara a mano.

En Santa Catalina me quedé una semana. Mi primera idea era de quedarme un mes y bucear allí. A una hora y media en lancha se encuentra la Isla de Coiba, un paraíso para los buceadores, dónde se puede ver al tiburón ballena y multitud de vida marina con bastante facilidad en temporada alta. Ese era mi objetivo… pero me quedé muy lejos de conseguirlo, era bastante caro bucear, sobretodo porque la gasolina es muy costosa (una lancha te lleva por 200 dólares hasta allí, luego tienes que pagar 20 por la entrada al parque y después tienes que sumarle la actividad que quieras hacer). La población de allí se dedicaba a la pesca, ahora su principal fuente de dinero son los turistas y OTRAS COSAS.


El primer día llegué a una tienda de buceo, recomendación del Capitán, porque un amigo suyo empezó su negocio hace poco y quizás podría necesitar algo de ayuda. Así conocí a Cris, un italiano/francés que vivió mucho tiempo en Egipto y que vive por y para bucear. Un chico muy experimentado que llegó en Velero cruzando el Canal de Panamá. Me aceptó como ayudante, a cambio, me pagaba el camping, porque él necesitaba que alguien estuviera allí cuando el buceaba con sus clientes. Pasó una semana y decidí irme porque creí que no me necesitaba, le estaba costando dinero y a mí no me gustaba mucho pasar el tiempo en este pueblo, hacía muchísimo calor todo el día, estaba prácticamente sudada siempre y el agua escaseaba. Todas las mañanas venía el camión y rellenaba los depósitos de agua de los hostels y tiendecitas. Si consumías más agua de lo “normal” se terminaba. La gente, se duchaba mucho y yo alguna noche me quise duchar y no tuve suerte. Me sentía muy sucía…


Por lo demás Santa Catalina está bien si surfeas y tienes dinero para bucear, sino con dos días ya has visto todo. El pueblo es una calle de un kilómetro de largo que baja a una playa bonita por fuera, pero el agua está muy turbia y no me incitaba a bañarme. Tiene otra playa, Playa Estero, dónde están las olas y los surfistas, está muy lejos para ir andando a 38 grados o más, una tarde lo hice y no lo repetí nunca más: UNA Y NO MÁS!


Las mujeres de allí me parecían muy simpáticas, sobretodo una que tenía un puestecito dónde vendía bolsitas de fruta batida congelada, mi bolsita preferida, la de coco. Los hombres, había de todo, pero por la noche no me sentía muy cómoda salir a pasear, ni sola ni acompañada. Los niños y niñas eran guapísimos, morenitos, con ojos rasgados, con sus tablas de surf, bicicletas y patinetes. Los lugareños se movían en caballo por los alrededores y también ofrecían tours.


Pasaba mi tiempo leyendo, dibujando y fumando, aún no lo he dejado, por cierto. Los primeros días coincidí, del hostel anterior, con Eva, su Ukulele y su amiga Fátima, que venían a pasar unos días. Muy simpáticas y divertidas, cuando se fueron me dio un poco de pena, sólo las veía por la noche porque el resto del tiempo lo pasaba en la tienda de buceo.



Una noche cené con Cris en la terraza de la tienda. Al lado se encuentra la iglesia de pueblo. Eso para mí fue un espectáculo. La gente con un micrófono diciendo sus sermones, como si hablasen de sus aventuras, diciendo con bastante frecuencia la palabra señor y amor, al final de cada sermón, una banda se ponía a tocar, música super rítmica y la gente de allí bailaba, saltaba, gritaba… hasta algunos entraban en trance. Luego paraban y hablaba otro. Así podían estar 5 horas fácil… para mí era la discoteca del pueblo y el lugar más animado. Hubiera entrado, pero no me veía bailando con cristianos en trance velando por el señor. Este ritual lo hacían cada dos días. Tremendo.

Una noche, me fui a dormir pronto y a mitad de la noche una chica empezó a gritar asustada como si un bicho o animal se le hubiera metido en la cabaña, debió de estar un rato gritando, porque cuando me puse las lentillas y me asomé por la rejilla de la tienda, ya no veía movimiento de nada. Se tranquilizó. Y yo me quedé desvelada con la sábana y la mosquitera por todo mi cuerpo mirando por la rejilla, por los dos lados de la tienda de campaña, esperando ver a un animal o “algo”. Tenía miedo! ¿Qué habría sido? A la mañana siguiente pregunté a los chicos del hostel: Juan, el dueño con una pareja Bruno y Pascalina, todos franceses, no tenían ni idea de lo que habría podido pasar, algún insecto, dijeron. La última noche me quedé a solas con Pascalina, una tía muy loca, con ideas locas, pero buena chica, hablando de todo un poco… y contándome los secretos que guarda Santa Catalina….chun-chun.


Conocí a la chica del grito, Anne una chica alemana que viaja por Centroamérica, ella es escritora y habla muy bien español, viaja desde abril. Me contó que durante la noche un saltamontes gigante estaba caminando por su cuerpo, sí, son grandes, los he visto…yo también hubiera gritado… Con ella pasé los últimos días y con la que me vine al siguiente destino. Viajamos juntas en 2 autobuses, pero en el tercero ella se fue a Puerto Viejo. Uno de los trayectos fue muy gracioso, el chico que vendía los boletos era nuevo y vendió más de lo que debería, nos tuvimos que sentar con el conductor, ella en el asiento del copiloto con otra mujer y yo en el pasillo tumbada de la cabina, dónde me pude echar una siesta mientras escuchaba al conductor hablar y hablar con Anne... llegamos a David y allí nos despedimos, pero seguramente volvamos a coincidir por el caminoJ. Me cogí el último bus que me llevaría a Boquete, un lugar que guarda muchos lugares, los cuales descubriré en los siguientes días...

domingo, 5 de febrero de 2017

Isla Las Perlas-Bucanero-Velero-Workaway

Una semana y media estuve navegando por Las Perlas en un velero llamado Bucanero de un chico francés, Manu, que lleva muchos años con su barco navegando por multitud de sitios, lo cual le ha llenado de numerosas experiencias y aventuras. Esta ha sido mi primera experiencia Workaway, intensa, en cierto modo y dónde he conocido también a personas maravillosas por dentro y por fuera: Manuela, Catalina y su hija Kenia. Gracias a Manu y lo bien que conoce las islas situadas en el Golfo de Panamá, he podido disfrutar de lugares y experiencias maravillosas.


El tiempo pasaba muy raro. Los días nunca fueron iguales, no tenían número ni posición en el calendario. Simplemente pasaban. No importaba el tiempo.

Mi primera noche, y las siguientes, durmiendo en el velero fueron muy placenteras. Me gustaba quedarme dormida mientras el movimiento de las olas me balanceaba suavemente. Normalmente era la primera en despertarme y sacaba mi cabeza por la ventana que tenía encima de la cama para observar los amaneceres y disfrutar de aquel sol que iba a estar todo el día arriba, poniéndonos morenos, hasta el atardecer.


No pasaba mucho calor, puesto que la brisa en medio del océano hacía que apenas se notara. Había mucho tiempo libre, no había clientes y algunos días nos acercábamos a las islas para repartir flyers y así promocionar al velero. Algunos días limpiábamos el casco por los laterales y también por debajo con un compresor de aire. Con una espátula intentábamos quitar el krill y las algas. Otros días me quedaba mirando a los pelícanos y otras aves sobrevolar a ras del mar dibujando movimientos sincronizados en busca de pescado para alimentarse, como nosotros, que comíamos bastante pescado: crudo, frito, a la plancha, a la barbacoa... Tengo que decir que el capitán cocinaba muy bien, todo estaba riquísimo. Todos los días nos metíamos en el agua para refrescarnos. Un día me tiré sin percatarme de que había bastante corriente, por más que me quería acercar a la escalera la corriente no me dejaba y me arrastraba hacia la popa, por suerte había un cabo suelto por ahí al cual me pude agarrar hasta que viniera alguien para salvarme, fue el Capitán el que me tiró una cuerda porque la ayuda de la pequeña Kenia no me servía...


Fuimos hacer snorkel alguna vez. El agua clara te permitía ver muchos pececitos de colores, peces globo muy graciosos, rayas pequeñas... pero un día vi a una raya de un metro y medio, negra con puntos blancos, preciosa, fue muy bonito contemplarla deslizándose por el agua, suavemente sin apenas esfuerzo.


Un día, estaba con Catalina mirando el mar, ya de noche. Me decía que había puntos luminosos dentro del agua. Yo no creía lo que me estaba queriendo decir, pensé que sería el reflejo de alguna luz que con el movimiento de agua se dispersaba. Cogimos agua con un balde atado a una cuerda y la devolvimos al mar con energía. Cuando vi lo que sucedía,mis ojos no daban crédito: bioluminiscencia!!! Uno de mis sueños se estaba haciendo realidad. El Capitán, al vernos tan emocionadas jugando con el balde, nos llevó a todos a la playa para seguir disfrutando. Allí, en el agua no podía creerlo. Nadaba y todo mi cuerpo se iluminaba en plena oscuridad, gracias al plancton, saltaba, buceaba y alguna vez abrí los ojos, ahora las luciérnagas estaban allí, dentro del agua, en mi pelo, en mi cuerpo. Preciosa la experiencia que no pude fotografiar, pero no importa, la he vivido y siempre la tendré en el recuerdo.

A veces, aprovechando cuando íbamos a comprar algún vegetal o fruta, podíamos disfrutar de preciosas playas, vírgenes, de arena blanca, a veces negra, palmeras, flores y árboles, agua azul celeste espectacular... No había turistas y toda las playas eran para nosotras.


Otro día, Manu nos llevó a ver unas ruinas en Contadora, isla que frecuentábamos bastante. Un gran hotel y un yate que poco tiempo se utilizó, quedaron abandonados en el olvido en un lugar precioso y mágico.



Hubo una misión importante, la búsqueda de agua. Estuvimos casi dos días buscando un lugar para llenar el depósito. No quedaba. Se habían agotado las reservas. Manu aprovecha el agua de la lluvia, pero hacía tiempo que no llovía. Por suerte en la marina de una isla pudimos, después de mucho navegar, rellenar los tanques. Normalmente, cuando navegábamos, yo me sentaba en la proa y parecía como si estuviera en una atracción de feria por lo mucho que se movía el velero. Terminaba un poco mareada.

Sin duda mi isla favorita es Saboga, un pequeño pueblo pescador con casitas de muchos colores y gente auténtica. El último día lo pasé allí. Y aproveché para hacer fotos a aquel pueblo tan bonito. Lz gente de allí, creo que no saben que viven en el paraíso. Por el camino me encontré a un niño llamado Fernando que me enseñó playas preciosas y pasé todo el día con él hasta que vino mi ferry.




Adiós Bucanero, adiós Islas Las Perlas, ha sido un placer.


Volví a Panamá City y me quedé unos días en un hostel bastante tranquilo. Descansando, cogiendo fuerzas y también para ducharme después de una semana y media sin poder hacerlo, negra salía el agua y de mi pelo aún quedaba krill seco, esa ducha me sentó muy muy bien.

La última noche se estaba celebrando un festival del Canal de Panamá a pocos metros del hostel, totalmente gratuito. Allí fui con un argentino y una texana y mi sorpresa fue cuando actuó Juanes en último lugar, me hizo mucha ilusión. Una buena despedida con fuegos artificiales para continuar con mi viaje.


lunes, 23 de enero de 2017

Valle de Antón (Panamá)



Un pueblo campestre situado en el cráter de un volcán, según geólogos. Desde que me bajé del miniautobús y pisé este pueblecito me encantó, fue una buena idea quedarme unos días.
El hostel en el que estuve fue una maravilla: mucha gente hippie y muy chulo decorado. El desayuno estaba incluido: unas tortitas de plátano deliciosas! Entablé algunas cortas conversaciones con algunos viajeros, como yo, pero en tres días tampoco se puede establecer una GRAN amistad, con la que más hablé fue con una chica llamada Marion de Curazao, muy simpática, está viajando y quiere conseguir un trabajo en Panamá City relacionado con la administración de barcos.

Nada más llegar, me puse en marcha para explorar. Fui a unas termas dónde me puse barro y me relajé después del viajecito en el bus que me mareó un poco. Allí, unas niñas panameñas, que pasaban unos días con su familia, me llenaron de preguntas: ¿Cómo te llamas?¿Eres de EEUU?¿Te gustan las patitas de cerdo con pimiento y cebolla?¿Cuál es tu libro favorito?¿Y tu película? Así hasta que sus madres dijeron que era la hora, no se querían ir.
Negra voy a volver
Después me fui al Cerro Cariguana (900m) que me había aconsejado la chica del hostel. Me costó un poco coger el camino correcto, me perdí… después de dos horas andando me dije a mi misma que como no encontrara el punto más alto me daría la vuelta. Por suerte pasó un chico con su familia en un quad y le pregunté, me había pasado el senderito que me llevaba hasta arriba del todo hace media hora… al fin llegué, atravesando un denso bosque con sonidos que jamás había escuchado. Cuando llegué a lo más alto me quedé alucinada con las vistas, quería creerme pájaro y saltar! Disfruté un buen rato de aquel espectáculo y antes de que bajara el sol me puse de vuelta (no quería salir de allí sin luz). Quizás, en ese momento, eché de menos estar acompañada para hacer la vuelta de noche, pero sola...ni loca (de momento). Por el camino me acompañaban el sonido de los grillos y ranas, poco a poco se iba haciendo de noche. De repente, a lo lejos, vi unos puntitos amarillos que se iluminaban intermitentemente. Me acerqué y en lo más oscuro del bosque había luciérnagas!!! Me quedé embobada mirándolas volar, cómo desaparecían y aparecían en otro lugar, fue un momento mágico. Eso de noche hubiera sido total. Por el camino apareció otra vez el chico del quad y me llevó cerca del hostel, ole!


Al día siguiente me propuse ir a la India Dormida por el sendero alternativo (y más largo) para ahorrarme 3 dolares. Tengo que decir que mereció la pena por todo lo que me fui encontrando por el camino. El cerro de la India Dormida, según me contó Lorenzo Sebastian Castillo Para Servirle, que me mostró dónde estaba, a lo lejos, se llama así por la apariencia de una mujer tumbada e india porque era un lugar dónde se colocaban los indios colombianos. Pero además existe una leyenda sobre ella, según se cuenta, en la época que llegaron los conquistadores españoles al Istmo, la preciosa Flor del Aire , hija del cacique Urracá, se enamoró de uno de los caballeros españoles. Yaraví, el más fuerte y agresivo guerrero de la tribu, estaba enamorado de la hija de Urracá. Pero al enterarse que la doncella le había entregado su corazón y su amor a uno de los conquistadores, él decidió quitarse la vida y se lanzó al vacío desde una montaña, frente a la mirada atónita de Flor del Aire. La princesa, acongojada por la muerte de Yaraví, decidió olvidarse de su amado español y empezó a vagar por las montañas llorando su desventura, hasta que la muerte la sorprendió recostada en lo alto y mirando hacia el cielo. Se dice que la naturaleza, conmovida por la triste historia de amor, decidió perpetuar la silueta de la princesa recostada. Don Lorenzo, después de haber estado un rato charlando me mostró el camino correcto, porque, una vez más estaba confundida. Llegué a la ladera de la montaña dónde me topé con casitas con muchas plantas exóticas cuando, otra vez, me sentí perdida y pregunté a un hombre que me abrió la puertecita y me enseñó el sendero escondido. A medida que avanzaba el camino era cada vez más empinado y sentía cómo mis pulmones no daban para más. Decidí hacer una pausa para contemplar las vistas preciosas hacia El Valle. Ya cuando alcancé el cuerpo de la India, justo dónde empiezan las piernas me encontré a grupo de chicos como de unos veinte años, panameños del pueblo de al lado, y nos fuimos juntos hasta la cabeza (1055metros). Tengo que decir que el camino no ha sido nada fácil. Parecía un camino de cabras. (En la foto del centro se puede observar a la India Dormida :-))
Empezamos a descender y el paisaje cambió por completo. Mucho más frondoso, verde y húmedo. Por el camino nos encontramos una cascada, Salto del Sapo, uno de los niños quería hacer honor a la cascada y nos bañamos. Hacía bastante calor y después de haber subido el cerro no venía nada mal un bañito refrescante con una de las aguas más puras de El Valle, la cual también bebí, al principio un poco incrédula, pero como vi a los niños beberla... Seguimos bajando y nos encontramos la famosa "Piedra Pintada", que recoge en petroglifos hechos por los antepasados indígenas gran parte de la historia de El Valle. Con la sabiduría de los grandes maestros, niños y jóvenes ayudan a descifrar los jeroglíficos expuestos sobre la piedra. Se trata, dicen ellos, de un mapa del territorio vallero. Al final del camino se puede ver una gran piedra también con petroglifos. Este sendero me ha encantado. Ha sido muy bonito, uno de los caminos más bonitos que he hecho en mi vida, también he sudado lo que no está escrito. Al llegar al pueblo los niños me invitaron a un refresco y querían seguir haciendo más planes conmigo, pero yo ya no daba para más, 6 horas de excursión está más que bien.

El último día me quedé descansando en las hamacas, leyendo, dibujando, pintando, viendo como gente se iba para continuar su camino y como otros viajeros llegaban para descubrir la magia que llena esta pueblo bucólico situado en el cráter de lo que fue un volcán.


Me pudo el ansia de conocer y salí por la noche a hacer una expedición. Quería volver a ver la luciérnagas. Cogí mi cámara, mi frontal, protector de mosquitos y empecé el camino que aquel día hice. Por el sendero, un manto de estrellas y unos puntitos, como purpurina, en los laterales. ¿Qué sería aquello?¿Agua condensada? No podía ser... me acerqué y eran los ojos de muchísimas arañas que con el brillo del foco creaban un efecto muy bonito, pero el suelo estaba plagado de arañas de un tamaño considerable! No encontraba a las luciérnagas y creí que era hora de volver. Me encontré a un pájaro muy bonito que intenté fotografiar como pude y un sapo del tamaño de mi puño. Ahora sí, mañana haré de nuevo las maletas y volveré a la ciudad para seguir dibujando mi camino.


viernes, 20 de enero de 2017

Panamá City, primeros días/Parte 1


Un duro viaje de avión para llegar hasta Panamá, 25 horas de viaje, ni más ni menos. En Punta Cana, la última escala, conocí a varios alemanes que también viajaban a Panamá. En esa escala de 9 horas nos hicimos todos amigos. Al llegar a nuestro destino, el cambio de temperatura fue brutal. En Berlín a -10 grados y aquí a 32. Entre todos nos cogimos un taxi. A mí me dejó la última. Me hice amiga del taxista y me dejó el viaje muy barato. Hicimos planes juntos para que me enseñara la ciudad, pero nunca se me grabó el número. Me supo un poco mal no poder escribirle. Estuve esperando en una cafetería a Beloki, un amigo de un amigo de la uni (Dani De.), para que me enseñara dónde me iba a quedar estos días.

Esa misma noche estaba nerviosa y no quise irme a dormir. Beloki y sus amigos tenían planes así que me fui con ellos a un bar en Casco Viejo a ver unos monólogos nada graciosos y magia sin magia, me reí de lo malos que eran todos. Cogí la cama de matrimonio, para mi sola, con mucho gusto esa noche, durante el viaje no dormí nada.
Al día siguiente fui a hacer una compra básica de frutas y hortalizas. El aguacate impresionante. Me hice una tostada con crema de queso, tomate y aguacate que te quedas loco. Tenía que coger fuerzas para el día que me esperaba.
Salí de casa y fui caminando por la Cinta Costera que rodea toda la ciudad por el mar, un lugar muy cuidado y con muchas flores.

Anduve bastantes kilómetros, pero el calor era inaguantable y decidí coger un taxi hasta Cerro de Ancón, dónde hay unas vistas espectaculares de la ciudad. Ya arriba me tumbé en la sombra, casi deshidratada y me despertó uno de los alemanes del principio, Simon.

Él iba con un amigo. Desde ese momento, pasamos el día juntos. Fuimos al Mercado de Marisco a comer Ceviche, muy rico, es como una ensalada que lleva cebolla, camarones y pulpo a la vinagreta. Después fuimos al Casco Viejo de la ciudad. Un lugar con bastante encanto. Los edificios están como desgastados, pero conservando mucho color,  parece como si el tiempo no hubiera pasado.

Hicimos una parada para tomar un Raspao, es un granizado artesanal. El hombre tiene un bloque de hielo en un carrito que lo RASPAN (de ahí el nombre) y luego eliges un sirope. Yo opté por el de coco, espectacular. Por último nos fuimos a un paseo de 2km que une la ciudad con unas islas, Causeway se llama. Allí, alquilamos una bici de tres y vimos el atardecer.
Llegué a casa cansadísima y quemada por el sol. Bebí a lo largo del día tres litros de agua y recién llegué a casa hice pis por primera vez, en serio.
Hoy he ido al Parque Natural Metropolitano. La selva dentro de la ciudad. Dicen que es el pulmón de la City. Me lo creo. He hecho todos los senderos que estaban marcados. Cuatro horas andando en busca de los animales que dicen que hay. No he llegado a ver a mucho mamífero. Había en la entrada del parque un perezoso, pero si me dicen que es otra cosa también me lo creo. He ido un poco tarde y me han dicho que los animales tienen mayor actividad por la mañana y cuando anochece, es decir, cuando no hace calor. Lo que sí he visto han sido unos árboles majestuosos, imponentes, de cientos de años, en el espesor de la selva, también ramas que no sé de dónde salían, con formas muy raras, lianas como las de Tarzán, muchas mariposas, grandes y pequeñas, de un montón de colores, una culebrilla, y muchos “gatos solos” (se llama así a un mamífero con la cola muy larga y con cara de ratón, no se parece a un gato), y ñeques que son como ratas gigantes que son fáciles de ver. Me he dejado llevar por el sonido de los pájaros que te envuelve durante toda la caminata, ha sido un paseo muy agradable, los senderos estaban muy bien marcados, respetando siempre el lugar.

Ahora estoy escribiendo desde la hamaca que tienen mis anfitriones en la terraza. No me puedo quejar! Mañana viajo a Valle de Antón, está a 2-3 horas de aquí. Beloki and Co me han ofrecido a ir a una fiesta este fin de semana en la playa, mucha gente, descontrol… he declinado el plan porque no es mi mayor sueño ahora mismo, pero pinta a fiestón!
Viajar sola, sin ataduras y decidir qué hacer en cada momento. Ser libre.



lunes, 12 de diciembre de 2016

La rana de ojos rojos

La rana verde de ojos rojos (Agalychnis callidryas)

Este dibujo lo hice en mayo. Por esas fechas ya estaba pensando que algo en mí tenía que cambiar, pero no sabía ni el qué, ni tampoco el cuándo. De algún modo tenía que encontrar una manera de dar un giro a mi vida.

Me puse a buscar en Internet, no me acuerdo muy bien el qué, pero me topé con este anfibio, la rana de los ojos rojos, símbolo de Costa Rica. Ya la había visto en algún documental, preciosa.

Ese día, no sé por qué razón, me puse a dibujarla. Traté, durante unos largos minutos, buscar "ese verde" mezclando amarillos con azules, un poquito de blanco por allí, un poquito de negro por allá, tardé un buen rato en encontrar el color adecuado para rellenar el contorno que había dibujado, hasta dar con ese verde, ese verde tan mágico que desprende esa ranita de ojos rojos y saltones. Mientras la pintaba, una sonrisilla se dibujó en mi cara y me pregunté a mi misma:

¿Por qué no la voy a buscar? 



















miércoles, 30 de noviembre de 2016

¿Por qué hago un viaje de este tipo?

Hola a todos aquellos que están interesados en mi viaje!

Pensé en la idea de crear un blog para poder contar cómo me va en mi aventura y así no tener que contarlo repetidamente, no por no tener ganas, sino porque cuando alguien cuenta algo muchas veces, al último que se lo cuenta, quizás lo haga con menos ganas y se te pueden olvidar los detalles más curiosos e importantes. Así pues, iré escribiendo y subiendo fotitos todas las veces que pueda :-) 

¿Cómo llegué a la idea de este viaje? Muchos ya lo saben, pero para los que no lo sepan hace unos meses tuve que renunciar a mi trabajo por muchos motivos; el principal era que no quería seguir trabajando en un laboratorio y tampoco quería seguir mi dirección profesional como química. Muchos días me sentía triste y sin saber que iba a ser de mí, ya que NO es fácil dejar un trabajo debido a la situación actual y porque probablemente "tire a la basura" mis estudios, así que, antes de dejarlo, tuve que pensar en un plan y ser consciente de TODAS las posibilidades que podía tener. Después de eso, el peso que te quitas de encima es enorme y te sientes libre para hacer todo lo que te quieras proponer. 

Tras mucho pensar decidí que me gustaría hacer un voluntariado. ¿Por qué? porque me he dado cuenta de que me gusta ayudar a las personas y eso es algo que me llena realmente.

Partiendo de ese punto, me puse como loca a buscar uno. Mi sorpresa fue que está muy de moda eso de los voluntariados y del turismo ecológico, por tanto hay muchas empresas que se dedican a organizarte el viaje de voluntariado con unos costes relativamente altos. En mi cabeza no entraba la idea de pagar para trabajar por lo que llegué a una segunda conclusión y fue que para buscar un voluntariado es mejor estar en el país dónde quieres aportar, puesto que, realmente, en esos lugares dónde se necesita ayuda, evidentemente no tienen los medios informáticos para darse a conocer y en las áreas que están en desarrollo la información no va vía Internet, sino por el boca a boca.

Hay gente que me pregunta si tengo miedo, ¿miedo a qué? ¿A salir de mi área de confort? ¿A que me pueda pasar algo? ¿A sentirte sola? Bueno, yo nunca he tenido miedo a nada, tampoco tengo miedo a salir de mi área de confort ya que es lo que realmente busco y tampoco tengo miedo a que me pueda pasar algo, porque también se te puede caer un tiesto en la cabeza caminando por la acera. Siempre hay que hacer uso de tu sentido común allá dónde estés y ser consciente también de que NORMALMENTE lo que nos muestran los informativos es, básicamente, en la mayoría de los casos, las catástrofes, las muertes etc.

“Vivimos en un mundo maravilloso que está lleno de belleza, encanto y aventura. No hay un límite para las aventuras que podemos tener siempre y cuando las busquemos con los ojos bien abiertos”. – Jawaharial Nehru

He querido romper con mi rutina para poder viajar libremente y conocer otras costumbres, personas y paisajes. Conocer otra manera de trabajar, compartir y aprender. Esta es la primera vez que hago un viaje tan largo y estoy emocionada, porque estoy segura de que va a ser realmente interesante, dónde seguro voy a conocer partes de mí y me va a ayudar a saber como reorientar mi futuro. Esta manera de viajar y poder aportar algo a cada lugar hace que sea una experiencia distinta a otros viajes que he hecho.

 “Si piensas que la aventura es peligrosa, prueba la rutina. Es mortal”.- Pablo Coelho

Dicho esto, cuento los días para irme, de momento, no estoy nerviosa. El 16 de enero cogeré varios aviones dirección Panamá, pasando por Costa Rica y Nicaragua. He elegido esos países porque son pequeñitos, por la biodiversidad que tienen y por otros motivos que me gustaría descubrir una vez allí. La gente que me conoce bien, sabe que ya me habré informado bastante sobre cada país. Sí es cierto que no he planeado cada milímetro de mi viaje, porque es realmente complicado, pero voy a dejar que todo fluya o por lo menos lo voy a intentar, porque creo que eso es lo más bonito de un viaje así.

“Viajar sirve para ajustar la imaginación a la realidad, y para ver las cosas como son en vez de pensar cómo serán”. – Samuel Johnson


Después de esos seis meses ¿qué pasará? No lo sé. Por una vez en mi vida no quiero planear qué voy a hacer cuando regrese. Volveré a Berlín, seguro, pero con nuevos objetivos, ideas y, sobretodo, con otro punto de vista.

Por último decir que sin el apoyo de Nacho y el de mi tía Marisa, igual no hubiera sido tan fácil tomar esta importante decisión que me cambiará la vida, seguro, que para mejor.

“Dentro de veinte años estarás más decepcionado de las cosas que no hiciste que de las que hiciste. Así que desata amarras y navega alejándote de los puertos conocidos. Aprovecha los vientos alisios en tus velas. Explora. Sueña. Descubre”. – Mark Twain